Hipotecando (una vez más) la autonomía sindical. A propósito del paro nacional del 11 de abril

Hipotecando (una vez más) la autonomía sindical. 
A propósito del paro nacional del 11 de abril


    Hoy el mundo sindical – tanto la CUT como las otras Centrales existentes - debe detenerse y dejar de hipotecar principios ético sindicales vitales para el desarrollo del movimiento obrero, por pequeñas ganancias coyunturales, más aún si estas ganancias no son propias de los trabajadores y trabajadoras. Uno de los principios más sensibles y relevantes es el de la autonomía sindical.

    Para ningún sindicalista es un misterio que la mayor central de trabajadores de Chile, la Central Unitaria de Trabajadores, más conocida como la CUT, siempre ha mantenido una línea de acción más preocupada de los equilibrios de los poderes formales del Estado, que de los trabajadores y trabajadoras que reúne. Esta lejanía es aún más marcada cuando hablamos de las necesidades de la inmensa mayoría de la clase trabajadora que no tiene ni las posibilidades ni las condiciones de sindicalizarse, con quien no deja de tener responsabilidades.

    No obstante, siempre es necesario recordar y protegerse antes los constantes intentos de los partidos políticos que controlan la Central de hipotecar la autonomía del movimiento sindical. 

    Tal vez podríamos llenar de ejemplos que fueran graficando como el actuar de la Central ha ido siguiendo los ritmos de la política partidaria contingente, desde la salida de Pinochet hasta ahora, hipotecado el desarrollo autónomo de trabajadores y trabajadoras. Tal vez uno de los ejemplos más patéticos fue el periodo de respaldo al gobierno de Michelle Bachelet donde, apoyada por la CUT, se aprobó algunas de las reformas laborales más lamentables limitando en la práctica el derecho a huelga.

    En el actual gobierno la cosa ha ido siendo similar. Ante un gobierno que ha relegado los problemas de la clase trabajadora al final de la fila de las cuestiones relevantes, la CUT ha sido una espectadora de la disputa entre las elites partidarias. Aplaudir ferozmente un acuerdo que, si bien aumenta el sueldo mínimo aún lo mantiene bajo la línea de la pobreza; y celebrar desmesuradamente la implementación de las 40 hrs laborales por semana, en la cual se incorporaron todas las medidas de flexibilidad laboral de Piñera rechazadas por la misma CUT, han sido casi sus únicas apariciones. Ha sido así una organización cheerleader de la timidez del actual gobierno. 


Pero al fin la CUT llama a un Paro Nacional

    Seguramente muchas personas dirán esto luego de leer la primera parte. Sin embargo, a pesar que siempre es saludable que el movimiento de trabajadores y trabajadoras se movilice; no lo es cuando es utilizado para resolver los problemas de los partidos políticos.

    En este sentido todo partió mal cuando la decisión del Congreso Nacional de la Central que fue convocar a un paro nacional por una serie de demandas pendientes y ante un gobierno que no ha sido capaz darle relevancia, fue transformada en un Paro contra la derecha, contra los empresarios y en la práctica de respaldo a la conducción de Gabriel Boric. Una vez más el Ejecutivo de la Central, bajo el control de los partidos Socialistas y Comunistas quieren ocupar al alicaído sindicalismo chileno para resolver los conflictos que tienen tanto en la conducción del gobierno como en la relación de fuerzas del parlamento.

    La maniobra quedó clara desde un principio, pero al pasar de los días se ha ido clarificando cada vez más en la medida que se acerca la fecha y que los partidos de gobierno, principalmente el Partido Comunista, van pasando por difíciles momentos en el parlamento y en tribunales. Es así como Daniel Nuñez, senador Comunista, declara que “el gobierno debe convocar a la presión de la ciudadanía para sacar adelante las reformas”, esto como respuesta a la pérdida de la presidencia del senado. Un contra sentido pues ha sido el mismo ejecutivo quien se fue alejando de su programa de gobierno y no siempre por la presión de la oposición derechista en el parlamento.

    El caso anterior no fue algo aislado. Al mismo tiempo que la derecha anunciaba que no respetaría el acuerdo de ceder la presidencia de la cámara de diputados a una carta del Partido Comunista, la CUT publicaba su Manifiesto Social titulado: “1er Paro Nacional Activo 11 de abril. Una Mayoría Social que quiebre el empate político y el bloqueo empresarial”. ¿Qué lo quiebre a favor de quién? ¿Qué lo quiebre para qué? Si bien el manifiesto describe algunas demandas, no se hace cargo de que su intención, en la práctica es tratar de inclinar una balanza a favor de un gobierno que NO ha tenido la más mínima intención de responder a las demandas más sentidas por los trabajadores.

    En algún escenario sería muy relevante que el Movimiento de trabajadores y trabajadoras pueda movilizarse y desplegarse para instalar sus demandas y para posicionarse como un actor relevante de la política nacional. Es más, buena falta que hace que esto ocurra. Sin embargo, esto debe nacer de las bases obreras mismas y en completo ejercicio de la autonomía sindical, buscando inclinar la balanza de poder en pos de la clase trabajadora, y no esta transformación del discurso para favorecer la relación de fuerzas de los Partidos burócratas en el parlamento, y para apoyar a un gobierno que abandonó y desmovilizó al movimiento social.

    La verdadera oposición a la derecha no se genera utilizando al movimiento social sino que empoderándolo, aunque esto resulte incómodo para las autoridades a cargo y para los partidos políticos que mantienen la institucionalidad. En la historia de las olas progresistas de América Latina, en donde los partidos utilizaron el movimiento social para llegar al poder y luego los hicieron funcionales a sus gobiernos ha quedado demostrado; esa dinámica solo restó fuerzas al movimiento social y cuando hubo que recurrir a el para oponerse a la restauración derechista no han tenido la potencia necesaria. 


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