Trabajadores de la Salud: El Jamón del Sandwich
Esta semana los trabajadores y
trabajadoras de la Atención Primaria de Salud, agrupados en Confusam,
comenzamos una movilización inédita e histórica: exigir que se ponga término a
las agresiones de las que somos víctimas día a día.
Y es que de verdad este es un
tema que cada vez está cobrando más importancia entre las preocupaciones de
nuestros compañeros y compañeras. Ya durante el año 2016, los trabajadores del
Cesfam Carol Urzua en Peñalolén realizamos una campaña comunicacional para
sensibilizar a nuestro público sobre algo fundamental: la necesidad de
respetarnos mutuamente. Es por eso que hoy nos llena de alegría darnos cuenta
que el tema es tomado de manera nacional.
Algunas respuestas que ciertas
autoridades nos han dado respecto a las situaciones de violencia se dejan ir en
generalidades, que siendo ciertas, han ido buscando esconder responsabilidades
reales y, por tanto, las medidas concretas y necesarias para evitarla. Es
cierto que, lamentablemente, nuestra sociedad se ha vuelto más beligerante que
antes, pero eso no es excusa para naturalizar el ejercicio de la violencia.
También se ha planteado que los
casos de violencia importantes son muy escasos, por tanto no se justifica una
movilización frente a un problema que no existiría. Esta respuesta es
lamentable por dos motivos. Por una parte, naturaliza la violencia, restándole
importancia a la premisa que toda agresión es grave; una respuesta histórica
que ha encubierto los femicidios, por ejemplo. Y por otra parte, esta respuesta
busca ocultar la violencia cotidiana que sufre el trabajador, esa que no
necesariamente llega a los golpes como en los casos más nombrados por la prensa,
pero que sí va minando poco a poco la dignidad de nuestros compañeros y
compañeras. Todos los días se nos garabatea, se nos desprecia, se nos pasa a
llevar, aunque no por todos los pacientes, pues hay muchos también que
agradecen el esfuerzo que ponemos en nuestro trabajo.
Lo que si es cierto, es el origen
de la violencia de los pacientes hacia los funcionarios: los altos niveles de
frustración que arrastran los primeros producto de un sistema de salud que es
incapaz de resolver las necesidades de la población. Es imposible abstraerse que
casi todos los problemas que generan molestia en nuestra población no están
relacionadas directamente con el trato o culpa del funcionario o la
funcionaria, sino por las insuficiencias del sistema: listas de espera de
varios años para especialistas, escases de horas para consultas de
profesionales, largas esperas en Somes y farmacias, escases de medicamentos,
tiempo muy limitado para la atención, etc. Es evidente que estos problemas
exceden por mucho las labores de los trabajadores y trabajadoras de la salud.
Todos los problemas mencionados
tienen directa relación con el rol que el Estado ha decidido tener respecto a
la salud: el de despotenciar el sistema de salud pública y potenciar el negocio
privado de las clínicas e Isapres. Los miles de millones de dólares que se han
transferido a las grandes cadenas de empresas de salud, han llevado a que las
ganancias de ese sector sean mayores a la del resto de los sectores económicos
del país. Si estas ganancias se hubiesen invertido en el sector público,
seguramente habrían podido resolver de mejor manera los problemas de salud.
Es así como los trabajadores y
trabajadoras de la salud pública quedamos expuestos a una tensión constante:
somos el jamón del sándwich entre una sociedad que legítimamente exige su
derecho a la salud digna, y un Estado que no entrega los recursos para cumplir
con su rol. Es por esto que, como trabajadores organizados, debemos ponernos a
la cabeza de las luchas para que nuestro Estado cambie el modelo de
financiamiento y cobertura de la salud pública.
Atilio Herrera Ortiz
Dirigente Asociación de Funcionarios Cesfam Carol Urzua. Peñalolén
Vicepresidente Federación Regional Oriente de Funcionarios de Salud de Atención Primaria

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